Teatro

Por Fernanda Blanco

Desde el instante en el que nos acomodamos en nuestras butacas comienza un despliegue que nos envuelve y nos obliga a dirigir nuestra mirada de un lado a otro de forma constante. Un casting de miles de personas en el que quedan 50 artistas, ni una estrella. Cantan, bailan, actúan, se forman y aceptan hacer un espectáculo a la gorra.

Por Fernanda Blanco

Publicada en la web del Área de Comunicación y Artes Escénicas - artesescenicas.sociales.uba.ar

Equipaje, fronteras, distancia. Dejar la tierra propia, padecer la ajena. El teatro Río Colorado nos recibe para vivir dos historias: Papalote azul (México) y La balsa de la Ekeka (Bolivia), bajo la dirección de Andrea Castelli. Entre música, títeres, objetos y voces de otras tierras, nos va envolviendo una puesta sensible y bella.

Papalote azul
 es la historia de Cata y Amelia, dos primas que viven en México en los años ’30, rodeadas de naturaleza y miran el mundo a través de una mirada dulce e inocente de la niñez. Las cosas cambian cuando llega el papá de Cata y decide llevarla a Estados Unidos. Ella añora volver, como los pájaros que migran, cuando el tiempo mejore.

Títeres, objetivos, máscaras y música dominan la escena y nos dejan un final abierto donde podemos elegir confiar en la ilusión infantil. Una mirada dulce para un conflicto enmarcado en 1930 pero sumamente actual, desde un punto de vista que pertenece a la ilusión de las dos niñas, que le agrega magia y belleza a un relato triste pero que nunca pierde la esperanza.

La balsa de la Ekeka
 es la historia de Marte y Sole, entre creencias y tradiciones de Bolivia, anhelos de amor, de viaje y de reencuentro. Ellas le piden a la Ekeka por sus deseos. Pueden casarse y viajar a Argentina en busca de la hija de Sole pero terminan en un taller textil clandestino, bajo la explotación de quien se abusa por el hecho de ser inmigrantes, y bajo la mirada acusadora de quien piensa que un matrimonio entre dos mujeres no es “normal”. “¿Por qué no soy normal? Si no tengo escamas, ni cola, ni pelos…”, se preguntan y siguen soñando con ser felices.

Ambas historias están atravesadas por las injusticias y abusos, pero nunca pierden la esperanza y la dulzura. Se permiten el juego, la fusión de artes escénicas, la intimidad y la frescura de las cuatro actrices que entre voces y objetos nos llevan de viaje por otras tierras para reflexionar desde la ternura de un relato triste pero que nunca pierde la ilusión de un futuro mejor.

Ficha técnico-artística
Guion: Andrea Castelli, Violeta Robledo
Realización de títeres: Violeta González, Cynthia Pineda
Diseño gráfico:Natalia Battellini
Colaboración en vestuario:Abril Rosenrauch Bonetto
Colaboración en difusión:Laura Castillo
Producción: Mauro Ibarra, Carina Mele
Dirección: Andrea Castelli

 

Por Fernanda Blanco

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Es domingo y llueve, apenas después del mediodía, subimos las escaleras y los actores deambulan por el espacio, mate en mano y ese claro de luz que entra por el ventanal, compartimos. Mate, espacio, sonrisas, intercambiamos, experimentamos el teatro como espacio de encuentro, de estar entre pares. Traen un pizarrón, lo ubican en el medio del espacio y escriben “Mi hijo solo camina un poco más lento” y así comienza la segunda parte de esta experiencia escénica escrita por Ivor Martinić y dirigida por Guillermo Cacace en Apacheta Sala Estudio.

 

 

Por Fernanda Blanco.

Llegamos a Timbre 4, nos toca la entrada por Av. Boedo y una sala con un pequeño escenario en una esquina. Nos invade la luz tenue, los rojos y los acolchonados. Ahí en exhibición: un tocadiscos, un sillón y esa luz rojiza de entretenimiento masculino. Empieza a sonar un violín  en la otra punta, miramos, lo reconocemos, y la mirada se vuelve a posar sobre el rincón para ver entrar a Viola y conocer “La suerte de la fea”.

 

 

Sentados, ordenados, uniformados. Se menean en sus asientos, cambian de lugar, apretados, molestos, cansados. Las mañanas de muchos empleados comienzan con un bondi y puede que esta obra también.

 

Por Fernanda Blanco

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Corre el año 1958 en la cárcel de Joliet, Illinois. Nathan Leopold se enfrenta, luego de 35 años de prisión, a una junta que evalúa dejarlo en libertad condicional. Se encuentra allí por un crimen que cometió a los 19 años: “el crimen del siglo”. Así, mezclando presente y pasado, confesiones luego de mucho tiempo y la vivencia del recuerdo, vamos sumergiéndonos en El Pacto, un thriller musical basado en un caso real que conmovió a EEUU en los años 20’. Así, a través de la mirada de Nathan, vamos teniendo acceso a los recuerdos, hechos del crimen, que nos llegan de a cuotas, como pistas, que nos invitan a hilar cabos lentamente y nos mantiene atrapados desde el comienzo de la función.

 

Por Fernanda Blanco

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Una mujer desvanecida, tirada en el suelo, despatarrada, despeinada. Se para, como puede, y nos muestra su disfraz: pelo rubio abundante, depilación siempre, vestido corto y al cuerpo con brillos, cartera chota, zapatos de taco y labios color magenta. Y ella ahí, hecha concha. Saldría pero caminar le cuesta, es por tanta fiesta, así que se queda ahí esperando, hecha concha.

 

Por Fernanda Blanco

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Primero la conocemos a ella, Lenya (Elena Roger), y luego a él, Kurt (Esteban Meloni), ambos de mundos diversos pero dispuestos a encontrarse. Remamos con ellos y nos vamos acercando a un vínculo especial, desparejo tal vez, un poco pasional y a la vez un poco austero, misterioso del universo del otro, un amor sincero que también es música.

 

 

Por Fernanda Blanco

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Svaboda en ruso significa libertad. De esta palabra nace la obra, de este deseo y necesidad. “Svaboda”, de Bernardo Cappa, vuelve a la cartelera porteña los domingos a las 19:30 hs en Teatro Border, el primer teatro sustentable del país.